free hosting   image hosting   hosting reseller   online album   e-shop   famous people 
Free Website Templates
Free Installer

Título: Silencio

Autor: Cordy

Edad: Todos los públicos

Feedback: Dime siempre lo que piensas

Distribución: Este fanfic pertenece a Magia en el Campus, si quieres utilizarlo en tu página hazlo mediante un link.

Sumario: Contiene un punto de vista diferente sobre el capítulo, basado exclusivamente en Willow y Tara.

Nota: Esta historia está basada en Hush, los personajes, nombres, etc... pertenecen a Joss Whedon y sus productores, lo único que he hecho es cogerlos prestados un ratito.

----------------------------------------------------------------

Era raro encontrar los pasillos de la universidad vacíos a esa hora del día. Más que raro, Willow pensaba que era preocupante. Se preguntaba que podría haber ocurrido para que todos hubieran desaparecido. Caminó lentamente, asustada, hasta que la encontró frente a ella.

- ¿Sorprendida?

Quién era esa chica y por qué le hablaba como si la conociera. Tenía muchas otras preguntas, pero se dio cuenta de que no podía hablar. Movía sus labios pero de ellos no salían sonidos, sólo breves suspiros de resignación.

- Ssss... - intentó tranquilizarla la voz de la otra chica. - Está bien, no tengas miedo. Sólo siéntelo... ¿ves cómo eres especial?

Era todo tan extraño. Quería gritar, pero seguía sin palabras. La chica caminaba hacia ella. Era una joven rubia, tendría su edad... sabía que la conocía pero no podía recordar. Le invadió una sensación de miedo, terror que le recorrió todo el cuerpo en un escalofrío. La chica deslizó su mano por la mejilla de la pelirroja y entonces todo se tranquilizó, y se volvió más cálido después de besarla.

Con los ojos cerrados todavía sintió un destello fuerte y aquella sensación de paz desapareció.

Un rayo de sol se había colado por la ventana de su habitación y apuntaba directamente a los ojos cerrados de Willow. Forcejeó un par de veces antes de abrirlos y encontrar a Buffy frente a ella. Todo estaba confuso. Hacia un momento estaba besando a Tara y ahora... ¡Un momento! ¿Tara? ¿Esa era la chica de mi sueño?, pensó, wow! Mis sueños son cada vez más raros desde que Oz me dejó.

Decidió olvidarlo y devolverle el saludo a Buffy que aún permanecía allí de pie. “Buenos días”. Pero su voz se desvaneció antes de alcanzar la salida. Su amiga hacía ya el segundo intento, pero sin mejores resultados. “Buffy no te oigo” intentó decir, y entonces se dio cuenta de que la rubia tampoco tenía voz. Algo les impedía hablar. Al salir al pasillo vieron que el resto de los estudiantes compartían su problema. “Giles” vocalizó Buffy y Willow asintiendo comenzó a vestirse.

Las calles de Sunnydale eran aterradoras con toda esa gente corriendo y gritando en silencio. Las dos chicas caminaban de la mano, queriendo ser fuertes pero temblando por dentro.

En el sueño Willow tampoco podía hablar, quizás debería contárselo a Giles. ‘Tara sí podía hablar’, recapacitó. Giles no necesitaba saber qué pensaba la cabeza de la pelirroja cuando ésta dormía. Además, Buffy era la de los sueños premonitorios, no ella. Y con el de la cazadora seguro que tendría suficiente para resolver el problema.

‘Por qué me besó Tara’, pensó de repente. Apenas la conocía. La había visto un par de veces en las reuniones del grupo Wicca, pero ninguna de las dos hablaban nunca en ese sitio. Todo era un montaje, un grupo de falsas brujas buscando ser subvencionadas por la universidad. Willow nunca había tenido nada que decir hasta la tarde anterior cuando aquellas seudo-barbies cuestionaron su fe en la magia. ‘Debería haber hecho que se enamoraran de Spike’, se dijo.

Tara jamás intervenía. Siempre se sentaba en el suelo, casi detrás del sillón y luchaba por pasar inadvertida la mayor parte del tiempo. Pero en aquella ocasión salió en defensa de Willow, o bueno, al menos lo intentó... Ellas ni siquiera se molestaron en disimular su burla. En ese mismo momento fue cuando Willow decidió abandonar el grupo, seguiría practicando su magia a solas... Miró a la chica del suelo, pensando que a esas alturas se habría escondido definitivamente tras la butaca, pero en su lugar la encontró mirándola fijamente - todo lo fijamente que la podía mirar una chica tan tímida -. Sus ojos se encontraron y Willow sonrió, la otra no pudo evitar esconder su cara tras un cortina de pelo, pero aún así Willow podía verla sonreír, y eso agrandó a un más su propia sonrisa.

Sin embargo, de ahí a besarla... Tara parecía muy dulce y su primer impulso tras la sonrisa fue abalanzarse a abrazarla. Pero ese sueño, ‘sólo siéntelo’... ¿Sentir el qué? No era como si no hubiese soñado antes con mujeres, ‘todo el mundo tiene esas fantasías alguna vez’. Le vino a la cabeza aquel sueño del instituto en el que ella y Cordelia se besaban delante de Xander y no pudo evitar sonreír. Intentó volver a la realidad antes de que Buffy se diera cuenta de lo que estaba pensando.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Era increíble como Giles siempre tenía respuesta para todo. Los responsables en esta ocasión eran los Gentlemen, unos seres de piel blanca y cuerpo decrépito que se deslizaban por toda la ciudad a 10 cm del suelo. El vigilante había sacado toda la información de un libro de fábulas infantiles. ¿Qué clase de cuento para niños hablaba de monstruos que robaban voces y arrancaban corazones? La Boca del Infierno se volvía cada vez más siniestra.

Giles les reunió a todos en una de las clases vacías para contarles todos los detalles. Adoptó el papel de profesor y mandó a cada uno sus tareas. Las de siempre. Buffy patrullaría mientras la Scooby continuaba investigando.

Aquella noche Willow la pasó navegando en Internet. Buscando extraños brotes de laringitis que pudieran darle alguna pista sobre dónde encontrar a esos Gentlemen. Nada de lo que leía podía ayudar, y el cansancio se apoderó de ella rápidamente. Su cuerpo se rindió y se quedó dormida sobre la mesa en la que estaba trabajando.

Unos golpes secos en la puerta la despertaron. Instintivamente salió a abrir, pensando cuando ya fue demasiado tarde que era peligroso. Tara se abalanzó sobre ella, esos seres la venían persiguiendo y ninguna de las dos pudo evitar caer al suelo. Con la caída Willow se hizo daño en el tobillo, pero no se quejó, en parte porque no podía hablar, pero también porque no era el momento adecuado para hacerlo. Ambas chicas se pusieron de pie y comenzaron a correr hacia el piso inferior. Tara la ayudaba a caminar, y aunque tampoco era el momento para eso, Willow se sentía bien tan cerca de la rubia.

Se encerraron en la lavandería. La puerta tenía cerrojo aunque no duraría mucho si seguían empujándola. Willow intentó mover la máquina de refrescos hacia la puerta, pero era físicamente imposible. Se alejó e intentó concentrarse para moverla con su magia. Pero la maquina sólo se tambaleó un poquito. La pelirroja estaba agotada y demasiado nerviosa para que el hechizo funcionará completamente. Tara la miraba fijamente, ‘la estoy asustando’, pensó.

Pero Tara más bien se estaba cuestionando que era lo que debía hacer. Estaba asustada, pero no tanto por los gentlemen como por estar encerrada con Willow en una habitación. No podía dejar de mirarla y sabía que de un momento a otro se daría cuenta. Debía centrarse, establecer prioridades como salir con vida de allí para decirle lo mucho que la admiraba.

Deslizó su mano en la de la pelirroja hasta que sus dedos se entrelazaron. Sintió como sus fuerzas se entrelazaban también y por un momento las dos jóvenes se sintieron extrañamente unidas. Focalizaron su poder hacia la máquina y ésta se movió rápidamente, bloqueando la puerta que estaba a punto de ceder.

Se miraron sorprendidas ante lo que acababa de ocurrir. Su respiración estaba algo acelerada por el hechizo, y sus mentes demasiado confusas para reaccionar. Ninguna se atrevió a soltar la mano de la otra, era una sensación demasiado agradable.

Tara fue la primera en darse cuenta de que sus manos llevaban demasiado tiempo juntas, y aunque ella hubiera preferido quedarse así para siempre, pensó que Willow se estaría sintiendo muy incómoda. Desenlazó sus dedos y bajó la mirada hasta el suelo vocalizando ‘lo siento’. Pero esta vez pronuncio las palabras en voz alta, lo que la sobresaltó aún más.

- ¡Puedes hablar! - gritó Willow, y dándose cuenta en ese mismo momento añadió - ¡Puedo hablar!

Y sin pensarlo dos veces se lanzó a los brazos de Tara y la apretó con fuerza contra su cuerpo.

Era una reacción normal en ella, Willow siempre andaba dando grandes abrazos, pero esa sensación... el estómago le había dado un vuelco cuando el pelo de Tara rozó su mejilla. Y eso la hizo asustarse, y romper ese abrazo antes de lo habitual. Se había sonrojado, podía notarlo, pero su amiga también. Es más, Tara sonreía de nuevo escondida bajo su cortina de pelo. Con la mirada fija en el suelo y una refulgente luz berenjena en toda la cara.

Willow se puso en pie y dijo ‘salgamos de aquí’. Aún no podía creerse que su voz volviera a estar en su sitio. Tara se levantó y se colocó junto a ella. Las dos miraban fijamente la máquina de bebidas y finalmente la pelirroja preguntó “¿Cómo vamos a mover eso?”. Las dos chicas sonrieron y unieron sus fuerzas - físicas - para deslizarla hasta que pudieron abrir la puerta lo suficiente para salir. El resto era trabajo del conserje.

Tara la acompañó hasta su cuarto, “¿Seguro que estarás bien?”, preguntó Willow por tercera vez. Desde el pasillo, la rubia sonrió y agitó su cabeza, nunca mirándola directamente.

- “Y-ya no hay p-peligro” - tartamudeó.

Willow pensó en todos esos vampiros sueltos por el campus, en los demonios y los psicópatas humanos que podrían atacarla. Los gentlemen eran los únicos que habían desaparecido. No convencida en absoluto con la decisión de la otra chica dijo “De acuerdo, pero llámame cuando llegues, vale?”

Tara asintió y se marchó, dejando a Willow en la puerta mirando cómo se alejaba. Cuando la perdió de vista cerró la puerta y se derrumbó literalmente sobre la cama. ‘¿Qué acaba de pasar?’, se preguntó. A qué venía tanta preocupación. Se sintió un poco estúpida por haber actuado de forma sobre protectora, se dio cuenta de que quizás era cierto que pasaba demasiado tiempo con Buffy. ‘¿Y si Tara no va a su habitación?’, en ese momento había dado por supuesto que se iría derecha a la cama como había hecho ella, pero y si esa cama la compartía con alguien. A fin de cuentas, quién no tiene novio con 20 años. Vale, ella no tenía, y muchas veces lo echaba de menos, pero siempre acababa por darse cuenta de que no echaba de menos a un chico, echaba de menos a Oz, sólo a él.

El sonido del teléfono la sacó de sus cavilaciones. “¿Ya has llegado?”, dijo la pelirroja nada más descolgar el teléfono, preguntándose cuánto tiempo había pasado desde que se habían visto.

- Soy T-t... - dejó la explicación a medias al darse cuenta de que ya había sido reconocida. - ¿Cómo sabías que era yo?

“Nadie más me llama a estas horas”, contestó la pelirroja sonriente. ‘¿Estoy flirteando?’, pensó. Oyó cómo desde el otro lado la chica le pedía disculpas y se apresuró a contestar “No, no... Está bien. Quiero decir, he sido yo. Yo te lo he pedido”. Cogió aire y se recordó que tenía que respirar.

- Buenas noches Willow.

Su nombre sonaba diferente cuando Tara lo pronunciaba. Era un sonido suave, armónico... se dio cuenta de que en esta ocasión no había tartamudeado y sonrió. “Buenas noches Tara”

Tara colgó el teléfono con una enorme sonrisa en su boca. No sabía qué había pasado o cómo había llegado a pasar. Desde el primer día que la vio en el grupo sintió su aura. Sólo se siente el aura de aquellos que practican wicca y Willow era la única de todo el grupo que parecía entender de magia. Sintió curiosidad, sabía que su poder era fuerte y que apenas había empezado a experimentar con él. Al principio la miraba preguntándose qué sería capaz de hacer si le enseñaba lo que ella sabía, pero al poco tiempo acabó por perderse en sus ojos verdes y en ese diminuto cuerpo que llamaba la atención de todos los chicos que pasaban a su lado.

Pero nunca pensó que pudiera llegar a abrazarla. Le costaba trabajo imaginarse hablando con ella, tocarla era sólo un sueño... hasta esa noche. Y a pesar de estar convencida de que nunca pasaría se durmió pensando que quizás podrían hacer juntas algunos hechizos.

Sin embargo, cuando a la mañana siguiente se la encontró de frente por los pasillos de la Universidad, supo que jamás podría pedirle algo así. Ni siquiera estaba segura de que la pelirroja le devolviera el saludo.

Cuando Willow vio a Tara frente a ella, apresuró el paso y dejó escapar una enorme sonrisa a través de sus labios. No sólo se saludaron, sino que caminaron juntas hacia la sala, donde podrían hablar tranquilamente. Willow quería saber cómo había llegado a parar Tara delante de su puerta.

- P-pensé que a lo mejor podíamos hacer un hechizo... para hacer hablar a la gente otra vez.- Dijo la rubia casi sin creerse que todas esas palabras estuvieran saliendo de ella.- Te vi en el grupo Wicca... parecías d-diferente. Las otras no...

“No saben de lo que están hablando”, dijo Willow ayudando a la rubia a terminar la frase. Las dos chicas rieron y la rubia rápidamente volvió a esconder su cabeza. “Desde cuando llevas practicando?” . Tara se encogió de hombros, “Desde siempre -dijo- desde que era pequeña. Mi madre solía... tenía mucho poder, c-como tú.”

“No! - dijo Willow sonriendo - yo no tengo poder. La mayoría de mis pociones se vuelven sopas, y mis hechizos se confunden y ponen a mis amigos en peligro. Definitivamente, no soy nada especial.”

Willow apenas puedo acabar de decir la frase, Tara desde su asiento la miró directamente por primera vez en la conversación y dijo “Sí, si lo eres”. En cuanto se dio cuenta de lo que acababa de decir hundió la cabeza, mirándola de reojo a través del pelo continuó “Eres especial”.

En ese momento, Willow se sintió como si no hubiera nadie más en la sala. Solo ellas dos hablando. Había descubierto aquellos preciosos ojos azules y ahora no podía dejar de mirarlos, y ese sentimiento le asustó. Tara era muy atractiva, y sus ojos eran preciosos, y le hubiera encantado ver esa sonrisa sin tener que adivinarla a través de los dos mechones de pelo que le cubrían la cara, pero se supone que ella no debía pensar eso de otra mujer. Willow podía sentir la magia alrededor del cuerpo de su amiga y pensó que eso era lo que le hacía sentirse atraída. Sí, tenía que ser eso... No quiso seguir preguntándoselo, aquella sensación le hacía sentir a salvo, llena de paz y de una curiosa felicidad. Buscó de nuevo los ojos de Tara y se concentró sólo en sentirlos...