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Título: Primeros Pasos

Autor: Cordy

Edad: NC-18

Feedback: Dime siempre lo que piensas

Distribución: Este fanfic pertenece a Magia en el Campus, si quieres utilizarlo en tu página hazlo mediante un link.

Sumario: Contiene un punto de vista diferente sobre el capítulo, basado exclusivamente en Willow y Tara.

Nota: Esta historia está basada en The I in team, los personajes, nombres, etc... pertenecen a Joss Whedon y sus productores, lo único que he hecho es cogerlos prestados un ratito.

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Tara estaba de pie, en el centro de la habitación con Willow frente a ella, pero no podía mirarla directamente porque la rubia tenía agachada la cabeza, demasiado tímida para mirarla a los ojos. Y Willow necesitaba ver esos ojos azules. Se acercó con paso decidido hacia ella y con una suave caricia en su barbilla le levantó la cabeza hasta que sus miradas se encontraron. La expresión de Tara era de puro amor, como cada vez que la miraba. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Tara. Su nombre sonaba perfecto en su cabeza.

La habitación estaba a oscuras, aún así un rayo de luz iluminaba justo la figura de Tara. Su cuerpo era increíble, y no podía evitar recorrerlo con la mirada. Sus ojos se deslizaban por las piernas hacia las caderas, perdida en todas esas curvas que le aceleraban el corazón. Subió la mirada hacia su pecho y se detuvo allí, imaginando el sabor de la piel.

Una mano con pensamiento propio se deslizó hacia uno de los seno y lo absorbió, acariciándolo suavemente, sopesándolo... Tara respiraba nerviosa, miraba a Willow tímidamente, queriendo esconder su mirada mientras la pelirroja continuaba con su exploración. "Te deseo", susurro Willow, y sin detener el movimiento de su mano volvió a mirarla a los ojos. Tara seguía allí, respirando profundamente, intentando evitar que su cuerpo reaccionara a las caricias de Willow. "Quiero hacerte el amor, Tara". La voz de Willow nunca dejó de ser un susurro; un susurro cálido contra el cuello de la rubia.

"Oh, Dios!", gimió Tara. Willow levantó su cabeza del cuello y observó como se formaba una pequeña marca roja donde sus labios habían estado. Miró a Tara que luchaba por abrir los ojos. Antes de que lo consiguiera, Willow se desnudó y incitó a Tara a que hiciera lo mismo. Ayudándola a desabrocharse los botones del pantalón.

Willow estaba arrodillada frente a la rubia, besando cada espacio de carne que aparecía conforme los botones iban quedando libres. Tara se sujeto en los hombros de Willow y lanzó los pantalones a una silla. Willow la besaba por encima del tejido de su ropa interior. "Willow... Will", era todo lo que podía pronunciar mientras unos dedos juguetones se deshacían de sus bragas. Willow miró hacia arriba y vio que Tara temblaba, casi incapaz de sostener de pie su propio peso por mucho más tiempo. Se levanto y la empujó hacia la cama. Su cabeza cayó sobre el pecho de la rubia y sus labios comenzaron a tentar la piel. El tacto era como de terciopelo, jamás había sentido nada parecido. Cuando la lengua de Willow rozó el pezón, éste se endureció de inmediato, como si desafiara a morderlo. Willow aceptó el desafío y lo atrapó entre sus dientes, provocando que la rubia rebotara contra la cama con un agudo lamento ahogado en su garganta.

"Willow", repitió la rubia... y su nombre se quedó perdido en medio de un beso. Una acalorada batalla de lenguas que Willow decidió que debía ganar. Forzada por la falta de oxigeno, se separó de los labios de su Tara. "Te deseo", volvió a repetir. Y no era sólo deseo, era necesidad por sentir su cuerpo fundirse con ella.

Se deslizo, acariciando con la lengua cada centímetro de piel desde su pecho hasta su estómago. Tara le acariciaba el pelo con una mano mientras la otra la mantenía apretada en un puño contra las sábanas. Willow sonrió y descendió su cabeza, hasta que sus labios se perdieron entre las piernas de la rubia. Tara comenzó a gemir intensamente, y Willow podía sentir como todo su cuerpo reaccionaba a sus caricias.

"Willow..."

Esta vez la voz era más profunda, más real, aunque casi inaudible. Sin embargo, lo que confundió a Willow es que ahora era ella la que sentía la presión de otro cuerpo contra el suyo.

Un rayo de luz le caía directamente sobre los ojos, y abrirlos le provocó un inmenso dolor. Aunque no tanto por el molesto sol, como por averiguar que sólo había sido un sueño. Al girar la cabeza pudo ver a Tara durmiendo relajadamente con la cabeza sobre su pecho y su brazo descansando en el estómago. Willow sonrió. Eso tampoco estaba mal. Pero se le había quedado un calor inusual debajo de la piel. Por un momento pensó en hacer rodar a Tara sobre su espalda y hacerle el amor hasta que gritara como en su sueño. Eso no ayudó a que el calor se fuera. Y tampoco lo hizo que Tara hundiera la cabeza en su pecho intentando librarse del mismo rayo de sol que la había despertado.

Willow contuvo su respiración sin atreverse a moverse. Jamás podría actuar así. Todavía no tenía claro si lo de anoche había sido algo más que un beso amistoso para Tara. ¿Cómo podía desear tanto a una mujer que casi no se atrevía a tocar?

Tara murmuró entre sueños su nombre, y cubrió un bostezo con su mano antes de abrir los ojos. La mano del bostezo fue a caer sobre el pecho de Willow de forma inocente mientras Tara intentaba adivinar de quien era el cuerpo sobre el que esta acurrucada.

Willow mantenía los ojos totalmente abiertos, su mirada concentrada en la mano de Tara. Oh, no! Eso tampoco ayudaba a relajarse..

"Buenos días", murmuró Tara cuando consiguió despejar su mente. Willow sonrió al oír su voz. "Buenos días....". Tara no se movió, consciente de que tenía a Willow abrazada, no quería dejarla marchar de ninguna manera.

Willow echaba de menos la mirada cálida de la rubia y quería besar la cabeza que reposaba bajo su barbilla para llamar su atención, pero no le atacaron las dudas. Se sentía totalmente perdida, tenía a una mujer hermosa entre sus brazos, y su cuerpo le decía a gritos lo mucho que la necesitaba, sin embargo ¿qué hacer? No sabían si lo que le impedía respirar eran nervios o miedo. Tara sintió como el cuerpo de la otra se tensaba y se preocupó. Sabía que solo había sido un beso, ni siquiera eso, había sido un roce inocente en un momento determinado. Pero Willow no se había marchado, se había quedado con ella, y eso le había infundido valor.


Se levantó lentamente, fingiendo que se estiraba. Quería darle la oportunidad de rectificar, por si se arrepentía de algo. Pero Willow se volvió hacia ella y la miró preocupada.

"¿Has dormido mal? ¿Te duele algo?", dijo intentando incorporarse, pero una mano firme sobre su estómago la detuvo. Tara sonreía, sus ojos aún soñolientos, pero llenos de cariño. Agitó la cabeza lentamente, sin apartar la mirada y acarició la barriga de Willow. "Nunca había dormido tan bien. He soñado...".

"Yo también", confesó Willow enrojeciéndose. Tara levantó ambas cejas al ver como las mejillas de Willow se encendían y le preguntó maliciosamente "¿Conmigo?". Willow se ruborizó aún más y decidió cambiar de tema antes de que tuviera que explicar determinadas escenas de su sueño. Sin embargo, Tara no esperó a que comenzara otra conversación, se inclinó hacia ella y la besó en la frente. Un roce suave, tan ligero como el de la noche anterior. No se atrevía a más, veía a Willow confundida a su lado y no sabía adivinar exactamente el motivo. La pelirroja estaba tumbada sobre su espalda, con los ojos cerrados y una sonrisa sincera en los labios.

"Willow...? ". "Umm", contestó la pelirroja. "Vamos a llegar tarde a clase". Willow miró de reojo el reloj y decidió que no le importaba. Giró, dándole la espalda a la molesta ventana y se acurrucó en el regazo de Tara, atrapándola en un fuerte abrazo. "No quiero...", se quejó.

Tara dejó escapar una pequeña carcajada, y le acarició afectuosamente el pelo, separándolo de sus ojos. Muchos más segura de si misma, ahora que Willow se había relajado, se propuso iniciar la conversación que habían dejado a medias. "Willow... anoche..." Tara perdió las fuerzas cuando Willow levantó la cabeza y la miró con la expresión de una niña perdida. Tara sonrió y tragó saliva. "¿Me besaste?"

Willow volvió a apoyar la cabeza sobre las piernas de la rubia y una sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios mientras susurraba "siii...". A Tara se le detuvo el corazón al contemplar a Willow acurrucada sobre ella. Si pudiera detener el tiempo y permanecer así para siempre...

De pronto, Willow se levantó de un salto y se sentó con las piernas cruzadas en la cama, frente a Tara. "¡Dios mío! ¡¡¡Te bese!!!". Tara la miraba confundida, con el ceño fruncido y la cabeza ladeada. "Quiero decir... ¡bien por mí! Pero es... ¡Wow! Te besé..."

Tara se inclinó hacia ella y sus labios se rozaron apenas unos segundos... ¡Dios! Se sentía tan bien...

"Te besé..." volvió a susurrar Willow con los ojos cerrados, al abrirlos se encontró con una mujer preciosa que le sonreía abiertamente. "Nunca lo había hecho... ¡Besar, quiero decir! Bueno, sí... pero nunca había besado a otra mujer. Lo de los besos, bueno, ya sabes... salí con Oz, pero él no era ella... obviamente. ¡Oh! No sabía si sería igual o si tu querrías que te besará... ¡oh Dios! ¿Querías que te besara? ¿Estás enfad...?"

Tara detuvo a Willow antes de que su monólogo se extendiera demasiado. Esta vez sus labios capturaron completamente a los de la pelirroja, y no tenía intención de dejarlos escapar en mucho tiempo. Los acarició suavemente con la lengua esperando que Willow le diera permiso para entrar. Willow no ofreció la más mínima resistencia, y un gemido sordo se le escapó de su garganta cuando sus lenguas se encontraron. Tara guiaba el beso, que estaba resultando de todo menos tímido, y sólo se separó cuando sintió que la falta de oxigeno la estaba dejando mareada. Acarició la mejilla de Willow con una mano temblorosa, queriendo mantener la cara de la pelirroja tan cerca como fuera posible.

Willow también se sentía mareada, aunque quizás la culpa no la tuviera tanto la falta de aire como los labios de la rubia. Estaba tan equivocada. Aquello no había tenido nada que ver con los besos que había compartido con Oz o Xander. Los labios de Tara eran casi tan dulces como sus besos... 'Besos'. No podía creer que de verdad se acabaran de besar. Si no fuera porque todo su cuerpo estaba reaccionando al contacto de Tara, hubiera pensado que seguía soñando.

No se atrevía a abrir los ojos por si la sensación desaparecía, sin embargo, lo hizo cuando dejó de notar el cuerpo de Tara junto al suyo. Tara estaba apoyada en el cabecero de la cama, con las manos apretadas sobre su regazo y la cabeza agachada. Ahí estaba de nuevo la bruja tímida... Willow se acercó a ella y cogió una de sus manos, pero Tara no levantó la mirada. Un poco molesta por la falta de reacción de la rubia, soltó la mano y le levantó la cabeza por la barbilla lentamente, buscando sus ojos.

"No puedes hacer eso...", Tara quería volver a esconderse, pero una mano firme sujetaba su mejilla. "No puedes besarme así y alejarte de mí justo después porque entonces pensaré que he hecho algo mal y me sentiré horrible el resto del día, o peor, de la semana, porque perderé el valor para venir aquí y preguntarte si he hecho algo mal y entonces nunca lo sabré y le seguiré dando vueltas en la cabeza hasta que acabe mareada..."

"Estas divagando...", la detuvo Tara.

"¿Ves lo que causas en mí?"

Tara dejó escapar una de sus profundas carcajadas mientras miraba a Willow directamente a los ojos. Cogió la mano de su barbilla y la beso suavemente, Willow enrojeció. "Tú siempre divagas...", susurro la rubia sin despegar los labios de la piel de Willow.

Se quedaron mirándose sin perder la sonrisa. Tara continuaba acariciando los dedos de Willow con su labios lentamente, prolongando el cosquilleo que la pelirroja empezaba a sentir por todo el cuerpo. Podía ver como las escenas de su sueño se repetían a cámara lenta, esta vez sintiendo cada roce como si fuera real. Sentía el aliento cálido de Tara sobre su piel y al cerrar los ojos pudo notarlo también en su boca, donde sus labios habían dejado toda su esencia. Sin querer reprimir más tiempo su deseo, apartó la mano y la llevó hacía la nuca de la rubia, desde donde empujó su cabeza hacia delante para devolver los labios de Tara a donde pertenecían.

Sentía que podría besarla todo el día, y la verdad es que no tenía intención de parar. Willow comenzó su exploración, como si conocer la boca de Tara se hubiera establecido como el nuevo proyecto de ciencias. Delimitó cada labio con la lengua, aprendiendo que partes eran más gruesas, cuales más finas, cuáles podía morder y cuáles acariciar hasta hacerla gemir. Tara se dejó guiar contenta de no tener que tomar más iniciativas. Los besos de Willow eran hambrientos, como si toda su vida hubieran deseado a Tara y ahora se estuviesen vengando por haber tardado tanto en encontrarla. Cuando la rubia se separo, ambas respiraban con dificultad.

Había algo nuevo en los ojos de Willow que acompañaban a la misma sonrisa de siempre. Tenían un brillo intenso que agrandaba sus pupilas y oscurecían el color verde entre los párpados. Pese a la sonrisa, Tara podía ver que la pelirroja discutía consigo misma sobre algo importante e imaginándose que tendría mucho que ver con lo que acababa de pasar se levantó despacio y fue hacia el armario.

"¿Qué vas a hacer?", preguntó la pelirroja. Tara sonreía, podía leer los pensamientos de Willow y se imaginaba que vestirse no estaba entre ellos, pero ninguna de las dos estaba preparadas para seguir adelante. Fue hacia la cama con el jersey que había decidido llevar en la mano. "Voy a cambiarme." Susurró Tara tranquilamente, intentando rebajar el ataque de ansiedad que estaba a punto de sufrir su amiga. "Luego, yo voy a irme a clase de Antropología y tú vas a volver a tu dormitorio y hablar con Buffy."

Esa era la mejor parte de Tara, cuando perdía el tartamudeo y demostraba la mujer inteligente y dulce que era, con ese tono maternal que la hacía preocuparse por todo el mundo. Sabía que tenía razón, que volver a la habitación y hablar con Buffy era lo correcto. Habían dejado una conversación a medias, y que la cazadora se marchara con su nuevo kit comando no la ayudaba a sentirse la muy mejor amiga. Sin embargo, no quería dejar a Tara. Sentía que era algo suyo que se había ganado a pulso y marcharse ahora...

"Tara, no quiero. No quiero irme, y tampoco quiero que tú te vayas. Quiero quedarme aquí y ... y seguir..." ¡Quiero quedarme aquí y seguir besándote, maldita sea! Por qué no lo dices claramente, Willow?

Tara sonrió, se puso en pie y se inclinó para besar la frente de Willow mientras susurraba "Lo sé". Sin embargo, no se detuvo en su camino hacia el armario. Willow no creía creer que tuviera que marcharse y permaneció un rato intentando tranquilizarse para evitar saltar a los brazos de Tara. Cuando se volvió a mirarla, Tara le daba la espalda. Se estaba cambiando el sujetador. Willow quiso mirar para otro lado, pero Tara se inclinó para sacar el nuevo del cajón y Willow pudo ver asomarse el contorno de un seno. El corazón le bajo al estómago y le empezó a latir con fuerza. Hubiese sido imposible mirar hacía otro lado mientras Tara se abrochaba el cierre. Era ese mismo movimiento que ella repetía cada mañana, pero por alguna razón visto desde fuera resultaba el más sexy del mundo.

Cuando Tara se volvió totalmente vestida se encontró con la mirada de la pelirroja perdida en su cuerpo. Tara sonrió, aunque no pudo hacerlo sin enrojecerse primero. Su cuerpo no era algo de lo que se sintiese especialmente orgullosa y ya le resultaba bastante difícil creer que Willow quisiera estar con ella, como para adivinar que lo que leía en sus ojos no era otra cosa sino deseo. Willow notó que su mirada estaba poniendo incómoda a Tara y la desvió rápidamente hacia su reloj, apenas eran las siete, seguro que Buffy seguía con Riley.

Camino hacia donde Tara estaba recogiendo la ropa sucia. "Voy a ver si encuentro a Buffy", susurró poco convencida. Tara sonrió y asintió con la cabeza, mientras aceptaba sin esfuerzo el abrazo de Willow. La pelirroja volvió a perderse en su cuerpo, apoyó la cabeza en su hombro e intentó recuperar las fuerzas para separarse. Sin embargo, dos brazos firmes la sostuvieron en el sitio. Tara no quería correr, no quería que por un impulso tonto su relación con la pelirroja se le escapara de las manos y se estropease, pero eso no significaba que no la deseara muchísimo. Cuando por fin Tara relajó su abrazo, Willow se separó y le sonrió sin apartar la mirada de sus ojos.

"Espera!", dijo Tara de golpe. Se volvió y empezó a rebuscar por la habitación, sus movimientos eran algo torpes, pero encantadores; le dejaron ver a Willow que la rubia tenía tan pocas ganas de que se fuera como ella de irse. Cuando Tara volvió a su lado llevaba el cristal en la mano. "Por favor... d-di que s-sí..." suplicó con un tartamudeo que Willow casi había olvidado. Casi. Cogió el cristal con las dos manos como si se fuera a deshacer con el roce y asintió despacio justo antes de besarla.

Tara la acompañó hasta la puerta de la mano, no podía dejar de tocarla. "Estaré en mi habitación por si quieres comer o algo... o tal vez podríamos quedar después de clase!" Tara se inclinó y la besó suavemente en los labios, Willow le retiró un mechón de la cara y se lo recogió detrás de la oreja. "Te llamaré", prometió. Tara asintió feliz y dejó que Willow se marchara, cerrando la puerta tras ella. Tara se apoyó sobre ella con los ojos cerrados y suspiró.

"W-Wow!"