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Título: La chica del año

Autor: Cordy

Edad: NC-18

Feedback: Dime siempre lo que piensas

Distribución: Este fanfic pertenece a Magia en el Campus, si quieres utilizarlo en tu página hazlo mediante un link.

Sumario: Contiene un punto de vista diferente sobre el capítulo, basado exclusivamente en Willow y Tara.

Nota: Esta historia está basada en una escena perdida de This Year Girl, los personajes, nombres, etc... pertenecen a Joss Whedon y sus productores, lo único que he hecho es cogerlos prestados un ratito.

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- Será mejor que volvamos a la habitación.- Fue lo último que dijo Willow.

El camino de la cafetería al dormitorio de Tara fue recorrido en completo silencio. La pelirroja continuaba perdida entre pensamientos sobre Faith y los últimos años en Sunnydale. Habían pasado demasiadas cosas y no estaba dispuesta a permitir que su pasado volviera y le arrebatara lo único que había logrado conseguir por voluntad propia, mantendría a Tara tan alejada de Faith como fuera necesario. Pensándolo bien, la mantendría alejada de todos. Buffy, Riley, Anya... todos eran una fuente de problemas. Ella misma lo era, pero de alguna manera, la idea de alejarse de Tara para protegerla carecía de sentido.

Willow caminaba decidida hacia la habitación, sin darse cuenta de que había dejado a Tara unos pasos por detrás. No es que a Tara le importara, estaba dispuesta a caminar detrás de Willow durante el resto de su vida, pero nunca había sentido que el silencio entre ellas fuera tan incómodo como ahora. Sentía como si Willow le hubiera cerrado un puerta. Con Willow apenas existía el silencio. Incluso cuando lo hacía, la pelirroja encontraba una decena de palabras para hablar sobre él. Sin embargo, Willow llevaba más de veinte minutos callada. Habían pasado suficiente tiempo juntas para que Tara supiera que Willow llevaba la discusión por dentro. Fuera lo que fuera lo que pasara por su cabecita en ese momento, no era cuestión de silencio. Era una conversación a la que Tara no estaba invitada.

Las propias inseguridades de la rubia le hacían dudar de que nada bueno pudiera salir de ahí. ¿Qué habría hecho esta vez? Tara sabía que cometía errores constantemente, pero de alguna manera Willow siempre se los perdonaba. ¿O quizás no se daba cuenta? ¡No! Willow tenía el don de la observación, por eso sabía que algún día se cansaría de sus meteduras de pata y se marcharía.

Tara ni siquiera era consciente de haber vuelto a la habitación. Era la tercera ronda que hacían, y también la última del día. Faith no aparecía por ningún lado. Sólo se dio cuenta de que habían llegado cuando Willow se paró en seco y se retiró para que Tara abriera la puerta. Willow le sonrió al entrar, pero se dirigió directamente a la cama, donde se dejó caer con un suspiro. Tara se sentó junto a ella y le preguntó cómo se encontraba. Willow le respondió con una sonrisa como la anterior, de la que la rubia dedujo que aquella situación no había acabado.

Willow permaneció en silencio, inconsciente de que su verborrea interna estaba desquiciando a la rubia. Al recostarse sobre la almohada, cayó sobre una de las camisetas de Tara, lo que le devolvió a la vida real. Tara no estaba junto a ella. Willow estaba en la cama, pero Tara no estaba a su lado. Eso nunca pasaba. Desde el principio, la cama de Tara se había convertido en un lugar sacrosanto en el que ninguna de las dos se atrevía a tumbarse sin tener a la otra cerca.

- ¿Tara? - preguntó Willow preocupada.

Tara estaba de pie frente a la cómoda, dándole la espalda a Willow y simulando buscar algo. Al oírla se giró a sonreírle, pero en seguida volvió la cabeza a la cómoda, en la que estaba ordenando su baraja en función de los arcanos.

Willow se dio cuenta de que algo preocupaba a Tara y no tardó demasiado en echarse la culpa. Sabía que su obsesión por Faith estaba incomodando a Tara, y conociéndola, se estaría preguntando por qué estaban juntas.

Se levantó despacio de la cama, reprochándose una y otra vez haber dejado a Tara de lado. No, no de lado. ¿Cómo podría? Había sido un arrebato de culpa por ponerla en peligro, pero eso era ridículo. Mientras estuvieran juntas, no dejaría que nada le pasara.

Tara sintió como Willow la abrazaba por detrás, sus pequeños pechos apretándose contra su espalda mientras la rodeaba por la cintura. Tara no se movió. Dejó las manos apoyadas sobre la cómoda, sabiendo que sus rodillas comenzarían a temblar de un momento a otro. No se equivocaba. Cuando la pelirroja le acarició el cuello con los labios y susurró "lo siento", las piernas no fueron lo único que le temblaron.

Willow notó cómo la rubia se estremecía, pero seguía sin moverse. No había nada como los ojos de Tara tras una caricia, su azul se volvía tan intenso que parecía capaz de atravesarte el alma.

Con dos manos firmes sobre la cadera de su novia consiguió girarla en el abrazo y reclamar los labios que tanto tiempo hacía que no besaba. ¿Cuánto habría pasado desde el último beso? Probablemente sólo unas horas. Esa misma mañana se habían besado antes de la primera ronda de reconocimiento, pero había sido un beso amistoso. Un beso labios-mejilla, no labios-labios, cómo lo había llamado Willow. Y a pesar de ser casto, aún había resultado demasiado íntimo para compartirlo delante de todos los estudiantes que salían del mismo aula que Tara. Willow hubiera querido ser más fuerte y esperar a que no fueran el centro de atención, pero la rubia había sonreído y era tan difícil resistirse a esa sonrisa. Esa que hacía que la pelirroja se sintiera especial hasta el punto que solo ellas dos importaban. Los demás no eran más que una sombra sin opinión. Por eso a veces resultaba tan duro no correr a Buffy y compartir con ella todos esos sentimientos.

Willow se había vuelto a perder en sus pensamientos y Tara lo aprovechó para hacerse con el control del beso. Abrazó a Willow más cerca, hasta que sus pechos pudieron rozarse. Con las manos perdidas entre el pelo pelirrojo, aceptó que la otra se dejara caer sobre su cuerpo, perdiéndose en el beso sin decencia.

Tras un breve, pero intenso beso, Tara se separó. Apoyó su mejilla sobre la cabeza de Willow y dejó que un suspiro profundo, casi un ronroneo, llenara el silencio. La respiración de Tara rozó la piel de Willow y todo lo demás dejó de tener sentido. Todo en lo que podía pensar era en las curvas que sostenía entre sus brazos. ¡Dios! ¿De dónde nacía ese sentimiento? Puede que esa no fuera la pregunta. Cierto cosquilleo entre las piernas dejaba bien clara la respuesta.

El cosquilleo era familiar. Lo había sentido con Oz. La sensación que ahora tenía iba más allá. Era como si su cuerpo y el de Tara fueran polos opuestos de un imán. Polos cubiertos por estúpida ropa que les impedían atraerse como su naturaleza obligaba. Era el deseo de fundirse con Tara lo que no entendía. En sus relaciones con Oz siempre habían seguido el ritmo que él, y a veces también la luna, marcaban. Desde la primera vez, él había tomado las decisiones... No es que fueran malas decisiones, sin embargo, ahora Willow se moría de ganas de hacerle el amor a Tara en ese momento, en ese lugar y a ser posible, durante el resto de su vida. Aunque lo del resto de la vida sonara demasiado confuso todavía.

Tara se deshizo del abrazo y se sentó en la cama con las piernas cruzadas, mirando a Willow como si pudiera leer sus pensamientos.

- Giles está esperando que le llames de un momento a otro .- Dijo sonriendo.

Willow asintió y se colocó junto a ella, preguntándose como podían comunicarse tan bien sin palabras.

- Espero que Faith no haya hecho una de las suyas.- dijo recostándose sobre la cama.

Tara empezaba a sentirse realmente preocupada por Willow. Había oído todo tipo de historias relacionadas con Faith, pero imaginaba que parte de ellas eran fruto de la exageración de la pelirroja. Para Tara, Faith no era más que una persona perdida y confusa, quien había tomado algunas malas decisiones en su vida. Puede que su confianza en las personas fuera uno de sus mayores defectos, pero realmente esperaba que Faith encontrara a alguien ahí fuera que la ayudara a recuperar su camino. Aunque ver a Willow tan distraída le hacía pensar que quizás Faith si era una amenaza después de todo.

- Deberías estar a salvo aquí - susurró la rubia, intentando hacer sentir mejor a su amiga .- nadie sabe que estás aquí. Ellos... uhm, ni siquiera saben que existo, verdad? Yo lo sé todo sobre ellos, pero...

¿De dónde había salido eso? <i>"Willow no necesita presión, no ahora y menos de tu parte"</i>, se dijo Tara demasiado tarde. La expresión de Willow era la de alguien muy confundida.

- Tara, no es que no quiera que mis amigos te conozcan.- dijo poco convencida, aunque intentando reconfortar a la rubia apoyando una mano sobre su rodilla.- Buffy es mi mejor amiga y es muy especial, y todos formamos esta especie de grupo alrededor de la caza, y de verdad quiero de los conozcas. Pero... me gusta la idea de tener algo que sea, ya sabes, mío.

"¿Habrá sonado muy posesivo?"se dijo Willow, "no es que la quiera solo para mí, es que... la quiero solo para mí."¿Cómo compartir a aquella preciosa mujer? Cómo compartir una sonrisa que hacía que el mundo pareciera el lugar perfecto para vivir, vampiros y monstruos incluidos. Tara. Sólo el nombre sonaba tan bien entre sus labios que no estaba segura de querer que otros lo pronunciaran. Su voz hacía que su corazón dejara de latir para no interrumpir su sonido. Voz que oía ahora mismo, pero estaba demasiado perdida en sus fantasías para escucharla.

- ¿Qué? - Dijo Will algo asustada al ver a Tara con una expresión totalmente sería en la cara.
- Tuya.

Willow sonrió, empezando a comprender qué se había perdido.

- Soy tuya- susurró Tara, con todas sus fuerzas concentradas en sostener la mirada, pese a que lo único que quería era esconderse avergonzada.

El pecho de Willow latía con fuerza y en su cara no había lugar para más sonrisa. Seguía de pie, incapaz de desviar los ojos de la figura rubia sobre la cama.

- Oh, Señor... - Tara se dejó vencer, y aunque permaneció con la cabeza bien alta, desvió sus ojos hacia la pared - Debe ser l-la p-peor declaración que has oído en tu vida.

Tara fingió una carcajada y tragó saliva. De alguna manera esta conversación había comenzado sola y ahora ella debía continuarla.

Willow seguía en el mismo sitio. Su sonrisa se había trasladado a sus ojos, que ahora brillaban como nunca.

- Lo que q-quiero decir es q-que... - Tara respiró, no quería tartamudear, no tenía motivos para hacerlo. - Te quiero. No me importa ser sólo tuya... - A esto le siguió un gruñido y media sonrisa.- Te prometo que no era así como lo tenía ensayado.

"Te quiero", las palabras retumbaban en la cabeza de Willow como si fueran música. No es que no lo supiera porque Tara... bueno, era tan fácil para Willow saber lo que sentía. Pero hasta entonces resultaba demasiado irreal, como si su relación hubiera sido un sueño al que Willow acudiera para huir de su vida real."Te quiero". Sólo dos palabras que habían perdido el significado a causa del abuso, pero no eran sólo ellas. Era Tara pronunciándolas. ¿Sentía Willow lo mismo? Intentaba compararlo con sus sentimientos hacia Oz para saber si esto también era amor, pero eran tan diferentes que no lograba sino confundirla más. Con Tara sentía que al pronunciarlo se entregaría entera, y a todo ese nuevo amor se unía el pánico a perderla.

Incapaz de formar una respuesta coherente, Willow se acercó a Tara, sujetó su barbilla para evitar que volviera a esconderse y concentró en un beso todo lo que se sentía incapaz de pronunciar con palabras.

Tara dejó que Willow la guiara, y abrió sus labios cuando una lengua ágil y hambrienta demandó acceso. Willow se dejó caer sobre Tara. Era incapaz de sostener su cuerpo erguido mucho más tiempo. Tara cayó hacia atrás en la cama, sus piernas se abrieron, recibiendo a la pequeña pelirroja entre ellas. Willow dejó todo su peso sobre Tara, su pierna presionó sobre su centro y la rubia se estremeció y arqueó la espalda para forzar el contacto.

- Will... - Gimió dentro del beso.

Willow continuó con el beso, suavizándolo esta vez, hasta que sus labios apenas alcanzaron a rozarse. Willow se separó para observarla. Tara permanecía bajo ella con los ojos cerrados y la cabeza algo inclinada hacia atrás. Willow se movió hacia una posición más cómoda, provocando un nuevo contacto entre su pierna y Tara. Otro gemido, menos intenso que el anterior, dejó a la rubia con la respiración entrecortada y los labios abiertos, buscando oxígeno, inconsciente de que la pelirroja no le quitaba ojo de encima.

Willow apoyó su cabeza sobre su mano, buscando una mejor posición para mirar a Tara. En un momento pasaron tantos pensamientos por su cabeza que le fue imposible identificarlos por separado. Los únicos que tenía sentido, y a los que prestaba más atención, eran aquellos que involucraban a la rubia de alguna manera: los labios de Tara, los pechos de Tara, los besos de Tara...

La rubia abrió los ojos lentamente, preguntándose por qué ya no sentía el contacto de Willow. Se encontró de frente con unos ojos verdes concentrados en atravesarla. Willow le quitó un par de mechones dorados que le cruzaban el rostro y justo después se inclinó a besarla en la frente.

- ¿Tara?.
- Uhm mmm..- susurró la rubia, demasiado feliz para formar palabras.

Willow dejó caer la mano hasta acariciarle la mejilla. Al hacerlo, Tara ladeó la cabeza y besó el centro de la palma. Willow sonrió.

- Eres preciosa.- suspiró, y antes de que pudiera objetar, añadió.- ¿Hablabas en serio?

Tara la miró confundida. La línea de pensamiento de Willow era de todo menos recta, y a veces le costaba seguirla.

Willow había llevado su mano al estomago y allí había comenzado con pequeñas caricias circulares que le estaban provocando carne de gallina a la rubia.

- Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.

Willow no fue capaz de llegar mucho más allá con las palabras. Quería hablar, pero estaba confundida y tenía miedo. Pánico a ir demasiado lejos, demasiado pronto y perderlo todo de golpe.

- Sss... cielo

La voz de Tara no era más que un susurro. Se imaginaba la clase de pensamientos que estaría barajando la pelirroja y no quería que ninguno de ellos saliera antes de hora. Ella misma no estaba segura de muchas cosas, pero llevaba tanto tiempo enamorada de Willow que no decírselo era como mentirle.

- Te quiero.- dijo Tara, mucho más segura de sí misma que la primera vez.- Pero tú no tienes que sentir lo mismo.
- Pero...

Tara apretó la mano que descansaba sobre su estómago y sonrió.

- No quería decirlo así, lo siento.

Willow se incorporó un poco, mirando curiosa a Tara, intentando concentrarse en las palabras y no en la mano que Tara había arrastrado hasta su pecho, justo a la altura del corazón. Willow extendió la mano, como si quisiera atrapar el corazón en su puño, pero todo lo que atrapó fue parte del seno de Tara, aunque ambas estaban ya perdidas en la conversación y no se dieron cuenta.

- No tienes que estar segura, Willow. Yo sigo aquí, n-no m-me voy a ningún lado - Tara respiró hondo, buscando las palabras que la tranquilizaran - Podemos dejar el tema apartado.
- ¡No!

Tara se sobresaltó al oírla y Willow en seguida sonrió y continuó algo más calmada.

- Es complicado, pero no quiero dejarlo de lado. Quiero que me quieras, pero es como esa redacción anónima que haces en el colegio y en la que escribes todos tus sentimientos pensando que nadie sabrá nunca que es tuya, hasta que un día la profesora la lee orgullosa porque es un perfecto ejemplo de ensayo, y pregunta quien la ha escrito para felicitarle y, probablemente ponerle un punto extra en la nota final, aunque no lo necesite porque seguro que es un alumno de matricula si puede escribir así. Tú quieres decirle a la profesora que es tuya, porque te sientes orgullosa de haberla escrito y quieres el reconocimiento, pero tienes miedo de que todos los de la clase descubran qué esas son tus palabras y no puedes hablar, aunque sabes que otro podrá levantar la mano y decir que la ha escrito. Eso estaría mal, porque la redacción es tuya, tú la has escrito y es tan buena que probablemente nunca jamás volverás a escribir algo parecido, y nadie debería reclamar algo que no es suyo. Así que empiezas a preguntarte ¿y si hubiera puesto el nombre desde el principio? ¿Y si no la hubiera escrito? ¿Y si me escondiera en el baño donde a nadie le importara de quien es la redacción porque solo entran a fumar?

A estas alturas Tara se deshizo en carcajadas

- ¿Y si la redacción piensa que estás loca y decide declararse anónima e independiente?- terminó Willow con frustración al oír reír a Tara.

Tara rodeó a Willow con sus brazos y la atrajo hacia ella, besándola suavemente en los labios.

- ¿Independiente de Willow Rosenberg? - preguntó Tara con burla - Jamás!

Willow le devolvió el beso con una sonrisa.

- Eres la mejor.
- Sip, y soy tuya... - susurró en el oído de la pelirroja.- Y no necesitas declaraciones para meterme mano.

Willow miró sorprendida a Tara, no esperando escuchar algo así de la rubia. No creía que Tara fuera del tipo de charlas picantes.

Tara desvió la vista hacía la mano de Willow sin decir nada más, esperando que la otra siguiera su mirada. Willow lo hizo y se sorprendió al encontrar que su mano ocupaba todo el pecho de Tara. Willow se sonrojó e intentó apartar la mano, pero Tara se lo impidió. La mano de Tara cayó sobre la de Willow, reforzando el contacto con su cuerpo y haciendo que éste reaccionara por instinto. Willow fijó la vista en su propia mano mientras sentía como el pezón de Tara se endurecía contra su palma.

Tara sonreía, aunque en su cara había más sangre de la habitual, bien por el contacto o por avergonzarse de no sentir vergüenza. Willow miró a Tara, luego a su mano y de nuevo a Tara, como un niño pequeño que acaba de descubrir donde apretar para que su coche teledirigido camine.

Tara apartó su mano y dejó a Willow sola para que buscara que más hacía su teledirigido. Willow apretó su mano contra el pecho, masajeándolo suavemente, sin ser muy consciente de lo que estaba haciendo. Tara la miraba fijamente, sonriendo ante esa expresión totalmente concentrada en aprender algo nuevo.

Willow abandonó el pecho y se ocupó del otro, extrayendo un suspiro de una desprevenida Tara. Willow sonrió y se inclinó a besarla, pero antes de que ninguna pudiera profundizar, mordió el labio inferior al tiempo que pellizcaba la sensible piel entre dos dedos. Esta vez Tara gimió. Willow descansó su mano entre sus pechos y la observó totalmente satisfecha consigo misma. Tara le devolvió la sonrisa y ambas se separaron sólo lo suficiente para que llegara el oxigeno.

- Giles...- Willow miró confundida a Tara y la rubia le aclaró:- Deberías llamarle.
- No, no quiero moverme.

Tara levantó las cejas, como si le reprochara desobedecer al vigilante.

- ¿Y si me dice que vaya?- dijo con una pizca de frustración en su voz.
- ¿Y si han encontrado a Faith y no sabe cómo decirte que ya puedes pasar toda la noche aquí sin más preocupación que tu... redacción?
- Uhm... ¿Toda la noche en la cama contigo? - la voz de Willow era juguetona - No sé, quizás podría convertir mi ensayo en una tesis.

Willow besaba el cuello de Tara, humedeciendo la piel con su lengua, hasta que decidió que eso no era suficiente y decidió pasar al lugar que sus manos habían reconocido. Allí capturó despreocupadamente uno de los pezones entre sus dientes, haciendo que Tara saltara literalmente en la cama.

- ¡Oh, Dios! Will... - Dijo Tara sin apenas voz.- O llamas ahora, o no volverás a saber nada de él hasta dentro de un par de horas, - otro mordisco en su monte gemelo la distrajo - puede que días...

Willow se separó y observó la marca que había dejado su saliva en la ropa. No se avergonzó, ni dejó que los nervios le hicieran creer que no sabía lo que hacía. En su mente se imaginó desnudándola y besándola entera. Por primera vez no importaba que fuera una mujer, de hecho, eso lo hacía mucho más divertido. Se imaginaba horas y horas y horas buscando qué lugares eran los que hacían gemir a Tara. Y cuando los encontrara, los exploraría una y otra vez, porque ese sonido era el más dulce que había oído en su vida.

Tara dedujo por su expresión que Willow estaba dispuesta a olvidarse de Giles y hacerle el amor hasta que cayeran rendidas. Sin embargo, la bruja se levantó de un salto y se quedó de pie junto a la cama.

- Me has convencido.- dijo jovial

Tara se quedó sin palabras al verla dirigirse al teléfono. Tampoco podía moverse, su cuerpo estaba preparado para alcanzar el orgasmo con sólo un par más de caricias de su pelirroja.

Willow ya tenía el auricular en la oreja cuando Tara se levantó fingiendo enfado y se colocó junto a ella, besándola como si su vida dependiera de ello.

- ¿Diga? ¿Quién es? - decía la voz del otro lado del teléfono.

Tara se separó, dejándola suspirando y con los ojos fuertemente cerrados.

- Willow, ¿eres tú? - dijo Giles, creyendo reconocerla en el suspiro.
- ¡Giles! - Willow se había olvidado totalmente de él.- Soy... un segundo.

Tara se dirigía a la puerta. Willow tapó el auricular y le preguntó dónde iba.

- Voy a darme una ducha - dijo la rubia sin levantar la voz y sonriendo sólo con media boca.- Te diría que me acompañaras, pero estás ocupada.

Y dicho esto desapareció, dejando a la pelirroja tragando saliva. La boca de Willow estaba seca, sus ojos fijos en la puerta mientras hablaba con Giles.

El vigilante se ocupó de contarle con detalle todo lo sucedido con Faith, que no era demasiado. Buffy había ido a casa de su madre, dónde se había encontrado a Faith y ahora una de las cazadoras estaba en camino para explicarles qué había pasado con la otra.

- De acuerdo - dijo Willow.- Sí, tendré cuidado... hasta ahora.

Willow acababa de colgar cuando Tara entró en la habitación.

- ¿Todo bien? - preguntó mientras se secaba el pelo con una toalla.

Llevaba un gran albornoz que la cubría entera, pero Willow sabía que eso era lo único. Un tirón al cinturón, y Tara aparecería desnuda frente a ella.

- Tengo que irme.- dijo jugando con el nudo del cinturón.- Parece que Faith y Buffy ya se han encontrado y hay noticias, pero será una reunión muy corta.

Tara apartó las manos que le habían desecho el lazo y volvió a sujetarse el albornoz en su sitio.

- Me alegro que se haya solucionado. ¿Significa eso que puedo ir tranquilamente a la cafetería?

Willow la miró extrañada. Tara se había tomado excesivamente bien que Willow tuviera que marcharse, como si se lo esperara. Como si se creyera prescindible para la pelirroja cuando el tener que marcharse estaba acabando con ella. En parte era cierto, pero Tara sabía que Willow tenía que marcharse y quejarse sólo se lo haría más difícil a las dos.

- ¿Quieres salir conmigo? - preguntó Willow de golpe mientras recogía sus cosas.

Ahora era Tara la que miraba confundida. Sabía que Willow no estaba segura de sus sentimientos, pero creía que al menos esa parte la tenían ya solucionada. Willow se dio cuenta de su error y rectificó:

- En una cita, quiero decir. Tú, yo, el Bronze, algo de música y puede que incluso algún vampiro... - Tara asintió, aunque no estaba muy segura de lo que estaba hablando Willow.- Ok, dame una hora y volveré a recogerte.

Con un beso rápido, Willow se marchó hacia casa de Giles. No dejaba de pensar como cada día cambiaba su relación con la rubia. Hacía un par de semanas no era más que una amiga con la que hacer magia, con quien pasaba las noches hablando de Oz, de los Scoobies y contando viejas historias de instituto. Ahora Tara estaba enamorada de ella, y Willow quería corresponderle sin dudas.

Su relación se había vuelto física y segura. ¡Qué demonios! Tara incluso la había invitado a ducharse con ella. ¿De dónde se habría sacado que esa rubia era tímida? Tenía tantas cosas que aprender sobre Tara todavía y no tenía miedo a hacerlo. No si Tara estaba con ella. Es curioso como una persona sin superpoderes, ni profecías a sus espaldas podía hacerla sentir mucho más segura que la propia cazavampiros.

Tenía que presentársela a Buffy, ¡y a Giles! El vigilante la adoraría, aunque sin exagerar porque era suya. Adorar estaba bien, pero de lejos. Pero estaba convencida de que con sus modales, Tara se haría con Giles enseguida. "Apuesto a que incluso le llama Sr. Giles", se dijo.

Quien más le preocupaba era Xander. ¿Qué pensaría su amigo de toda la vida? De todas las personas que conocía, Xander era quien menos derecho tenía a juzgarla. Él salía con una exdemonio sin tacto, y había engañado a su novia animadora y arpía profesional del instituto con una lesbiana. Je! Y aún así, su aprobación significaba todo para ella. ¿Qué pensaría Xander de Tara? No cómo su novia, si no como persona. ¿Le caería bien? Sabía que con Tara no tendría problemas, Xander se hacía querer, y aunque no fuera así, la rubia jamás demostraría otra cosa. ¿Y si a Xander no le gustaba?¿Y si le gustaba demasiado?¿Y si a partir de ahora empezaban a pelearse por las chicas?

No chicas. No en plural. Sólo una, Tara. ¿Para siempre? Para siempre ¿Para siempre?

... Probablemente.