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Título: La primera vez
Autor: Cordy
Edad: NC-18
Feedback: Dime siempre lo
que piensas
Distribución: Este fanfic pertenece a Magia en el Campus, si quieres utilizarlo en tu página hazlo mediante un link.
Sumario: Contiene un punto de vista diferente sobre el capítulo, basado exclusivamente en Willow y Tara.
Nota: Esta historia está basada en una escena perdida de Who Are You, los personajes, nombres, etc... pertenecen a Joss Whedon y sus productores, lo único que he hecho es cogerlos prestados un ratito.
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Willow dejó que la consciencia se fuera haciendo lentamente con su cuerpo, pero se resistió a abrir los ojos. Poco a poco, fue recapitulando todo lo que había pasado hasta que llegó a la noche que había pasado en brazos de Tara. Sonrió y rodó en busca del cuerpo que echaba de menos, pero la cama estaba vacía. Al abrir los ojos allí no había nadie. Willow se incorporó de un salto pensando que un demonio había entrado a la habitación y se había llevado a la rubia para hacer no sé que sacrificio. Afortunadamente un ruido en el fondo de la habitación detuvo todo pensamiento.
Tara estaba frente al armario, colocando ropa en una percha.
- Hey...- susurró Willow sentándose en la cama y arreglándose el pelo.
Tara se volvió, cerrando el armario. Llevaba una camiseta en la que se adivinaban cientos de flores de colores que el tiempo, el sol y los lavados estaban haciendo desaparecer. La prenda apenas le alcanzaba a la cadera y unas atrevidas braguitas negras se asomaban descaradamente. Willow siguió con la mirada el camino de las piernas desnudas hasta los pies descalzos, y de allí, de vuelta hacia arriba, incapaz de desviar la mirada de sus muslos.
Tara comenzó a andar y Willow volvió a la realidad de su cama vacía. Palmeando el lado vacío de la cama, dijo:
- Te echo de menos
Tara sonrió y fue hacia el escritorio donde descansaban dos vasos humeantes.
- He traído el desayuno.- dijo yendo hacia la cama.
Willow cogió los vasos mientras Tara se acomodaba a su lado. Willow le devolvió su vaso y probó un sorbo del suyo.
- Uhm... moccachino ! - se suave sabor a chocolate le hizo beber otro sorbo seguido.- ¿Y has ido a la cafetería vestida así?
Tara escondió la cabeza entre mechones de pelo y negó con una gran sonrisa. Willow terminó su bebida y dejó el vaso en el suelo. Cogió el de Tara, que no había sido probado y lo colocó en la mesilla de noche, sin obtener ningún reproche de la rubia, que no hizo más que suspirar contenta cuando Willow la besó.
- Eres el mejor desayuno.- susurró Tara, separando sus labios sólo lo justo.
Willow ladeó la cabeza y le preguntó:
- ¿Mejor que un moccachino?
- No sé...- se acercó para volver a besar a Willow.- En realidad, sabes a mocca.
Tara sonreía y Willow dejó escapar una pequeña carcajada. Cuando la pelirroja consiguió recuperar la calma se dio cuenta de que unos inmensos ojos azules no le quitaban la vista de encima. Tara la miraba llena de cariño, pero con cierto brillo que hizo acelerar el pulso de la pelirroja. Willow se inclinó para besar Tara. Lo que comenzó como un beso lento y suave, acabó convirtiéndose en una feroz lucha de lenguas hambrientas. Las manos de Willow volaron hacia la cintura de Tara y comenzaron a acariciar la piel por debajo de la camiseta. Primero la espalda, luego su abdomen y al final, una mano salida de la nada se abalanzó hasta alcanzar un pecho que la esperaba libre de ataduras. Tara respondió con un profundo suspiro, echando la cabeza para atrás y rompiendo el beso.
Willow aprovechó para acariciar con su lengua la piel de la garganta, mordiéndola suavemente al llegar a la altura de los hombros y desviando su viaje hacia el oído de Tara.
- Voy a quitarte la camiseta.
El susurro de Willow se convirtió en un pequeño mordisco en la oreja y Tara asintió rápidamente, levantando los brazos mientras unas manos hábiles deslizaban la prenda hacia arriba.
Willow arrojó la camiseta al otro lado de la habitación y se paró a observar a Tara. No era la primera vez que veía a una mujer, pero sí la primera que deseaba fundirse con otro cuerpo, fuera del sexo que fuera. Tenía la vista perdida en el pecho, donde dos grandes montes desafiaban a la gravedad y dos pezones sonrosados le apuntaban amenazadoramente. Tara tenía la carne de gallina, y su pecho se movía arriba y abajo con cada respiración. Cuando Willow miró hacia arriba, vio a la rubia totalmente colorada, pero con los ojos más azules que nunca y las pupilas dilatadas.
- Puedes tocarme, ya sabes
Willow asintió, pero se lanzó directamente a los labios, rodeando a Tara en un fuerte abrazo hasta que su beso quedó olvidado y hundió la cabeza en su hombro. Tara besaba suavemente su cabeza, sobre el pelo, mientras acariciaba su espalda con ternura. Cuando el abrazo aflojó, Tara se separó buscando los ojos de la otra.
- ¿Estás bien?
Willow asintió avergonzada.
- Entonces por qué lloras... - susurró Tara, llevando una mano a la mejilla de Willow y limpiando una lagrima que resbalaba por allí.
Willow se limpió los ojos con dos movimientos bruscos.
- No son lagrimas malas.. yo... tú... Mírate estás ahí... Y y y eres preciosa... y yo estoy aquí... aquí contigo. Después de... creí que nunca volvería...
- Sss... Estoy aquí, contigo. - dijo Tara apoyando su mano contra la mejilla de Willow.- Y tú tampoco estás nada mal.
Willow sonrió con toda la cara y volvió a abrazarla con fuerza. Esta vez el abrazo fue mucho más breve y Willow no tardó en recuperar los labios que había perdido la primera vez.
- Soy feliz.
Eso hizo sonreír también a Tara, quien notó como si acabaran de llenarla por dentro de algo cálido y la estuvieran acunando mientras ella se perdía en esa sensación.
Willow volvió a besar a Tara, de nuevo con la pasión del principio. Explorando su boca con la lengua, aún a sabiendas de que ese era un territorio ya conocido. Tara dejó escapar un gemido sordo y apretó su cuerpo contra el de Willow. Las manos de Tara eran las que ahora vagaban libremente por Willow, concretamente por sus piernas. Habiéndose colado por la abertura de la falda, ahora descansaban sobre la rodilla, masajeando el músculo con dedos fuertes.
Willow intentó desabrocharse la falda sin romper el beso, pero era mucho más complicado de lo que parecía. Tara intentó ayudar, pero ambas manos tropezaban constantemente. Willow se separó bruscamente y se puso de pie junto a la cama murmurando "estúpida falda".
Tara se tumbó de lado en la cama, observando como la pelirroja peleaba con la cremallera y se liberaba de su falda, dejándola allí mismo, en el suelo. Dispuesta a volver a la cama, Willow se detuvo cuando vio que Tara tenía la mano extendida y le miraba con reproche. Willow ladeó la cabeza, y con un gesto la rubia le indicó la camiseta.
Willow se deshizo también de esa prenda y volvió a mirar a Tara, quien seguía con el mismo gesto que antes.
- Oh! ¿Esto también?- dijo señalando su sujetador.
Tara asintió. Willow bajó un tirante por su hombro muy despacio, luego el otro, dejando las dos copas manteniéndose en equilibrio sobre sus pequeños pechos mientras desabrochaba el cierre por detrás. El sujetador cayó a sus pies y con una sonrisa Willow comenzó su camino de regreso a la cama. La misma mano de antes volvió a detenerla.
- P-pero... t-tú...- tartamudeó mirando la única prenda que quedaba en su cuerpo y de nuevo al cuerpo de la rubia.
Tara giró en la cama quedándose de espaldas. Levantó las caderas y lentamente comenzó a deslizar sus bragas por sus piernas, levantando estás para no tener que incorporarse. Con un movimiento rápido las lanzó a los pies de Willow.
Willow miró las bragas, luego a Tara y de nuevo al suelo. Un sudor frío comenzó a recorrerle la espalda y no confiaba en que sus manos respondieran a sus ordenes. Volvió a mirar a Tara, que volvía a estar de lado sin quitarle la vista de encima y con unos dedos torpes repitió el movimiento de Tara.
Desde la cama, la mirada de Tara era sexy y atrevida, y mantenía a Willow clavada en el suelo, incapaz de moverse. La rubia se incorporó y se sentó en el borde de la cama, atrayendo a la figura paralizada entre sus piernas. Willow no le quitaba ojo de encima, pero era lo único que podía hacer. Todas sus fuerzas estaban concentradas en seguir respirando.
Tara dejó que sus manos vagabundearan por la cadera, recorriendo cada una de las pecas que allí encontraban. Con un brazo firme, rodeó la cintura de Willow y acercó su boca al estómago, dejando allí suaves besos que se hacían más seguros conforme subían por el cuerpo de Willow. Tara dejó de besar la piel sólo para acariciar con su lengua el contorno de sus pechos, dibujando cada una de las pequeñas circunferencias. Tara dejó caer un beso rápido entre los dos senos y se separó para observar a Willow. La pelirroja estaba de pie, con los ojos fuertemente cerrados y una mano apoyada en el hombro de Tara por miedo a que la gravedad la venciera.
- Willow...- susurró Tara consiguiendo que ésta abriera sus ojos.- Ven aquí.
Tara se echó hacia atrás en la cama, guiando a Willow desde la cadera para que se colocara sobre ella. Willow torpemente encontró la postura en la que poder permanecer sobre la otra sin dejar caer todo su peso y más relajada comenzó a besar a Tara. Las manos de Tara hacía tiempo que se habían perdido en el trasero de la pelirroja, forzando su cuerpo contra el suyo sin resultado. Willow continuaba algo nerviosa, siguiendo los movimientos de la rubia pero sin tomar decisiones. Tara rodó, dejando a Willow debajo de su cuerpo. Con menos reparo que la pelirroja, Tara dejó que su peso cayera sobre Willow, colocando una pierna entre las de la pelirroja y dejando una de las de ella entre las suyas propias. Willow dejó escapar un gemido cuando los labios de la rubia se hundieron en su cuello dispuestos a dejar más de una marca.
- Ese sonido me vuelve loca, Will...
Tara dejó que sus labios acariciaran la oreja de Willow mientras susurraba sin apenas voz. Volvió a besarla, cambió de postura ligeramente y su cadera presionó sobre el centro de Willow. La pelirroja volvió a gemir, como si respondiera a Tara.
Willow estaba dejando un rastro húmedo en la pierna de Tara y eso estaba desconcentrando a Tara, que por un momento no quiso más que bajar y besar y lamer y oler y perderse en Willow. Sin embargo continuó besándola, incapaz de abandonar sus labios. Volvió a presionar su cadera, esta vez conscientemente, y Willow respondió levantando las suyas y encontrándose con Tara. Willow abrió los ojos de par en par cuando notó que unos rizos húmedos se apoyaban en su cuerpo, pero a penas tuvo tiempo de reaccionar porque Tara comenzó a moverse buscando un mayor contacto y provocándolo contra su propio cuerpo. Willow dobló la rodilla y Tara comenzó un ritmo suave contra su pierna, abandonando su boca para perderse en su cuello. Tara llegó con su boca al nacimiento del pecho, rompiendo el contacto por un segundo, para al segundo siguiente atrapar un pezón entre sus dientes.
- Oh Dios! ¡Tara!
Tara sonrió ante la plegaria y humedeció con su lengua al rehén antes de dejarlo marchar. Willow quería hacer algo, moverse, besarla, devolver alguna de esas caricias que la otra había comenzado, pero su cuerpo estaba atrapado bajo el de la rubia y se necesitaba mucha fuerza de voluntad y muy poco sentido común para escapar de allí. Acarició la espalda de la rubia, llevando sus manos hasta su trasero, ocupándolo con sus manos. Desde allí, empujó el otro cuerpo con fuerza contra el suyo propio y acompañó a la rubia en el ritmo que había creado, subiendo la intensidad lo justo para acelerar las respiración de ambas.
Ante este nuevo contacto, Tara se echó hacia atrás, dejando camino libre para que Willow hundiera la cabeza entre sus abundantes pechos. Sin preliminar alguno, la pelirroja atrapó un pezón en su boca y succionó, deleitándose en los sonidos que Tara intentaba emitir. Willow abandonó la zona excitada y besó la piel del seno suavemente. De nuevo sin avisar Willow mordió el otro pezón y Tara chilló, un grito mezcla de dolor y deseo que hubiera petrificado a Willow de no ser por que la rubia sujetaba su cabeza contra su pecho y le impedía moverse de allí.
Willow notaba su pierna completamente húmeda, mientras el cuerpo de Tara resbalaba por ella. Inclinó un poco más la rodilla y levantó la cadera, incrementando el ritmo, quedándose ambas sin respiración. El movimiento de Tara estaba desatando todo tipo de sensaciones en la pelirroja, y sus movimientos se volvieron incontrolables, casi desesperados. Dejó de besar a Tara y se abandonó a esa sensación que se estaba formando en la base de su estomago. La cadera de Tara rozaba directamente con su zona más excitada y Willow sentía como su cuerpo se preparaba para llegar al orgasmo. Juntó su frente a la de Tara y murmuró su nombre una y otra vez, aumentando de volumen al tiempo que alcanzaba la meta. Tara pronto la acompañó con su propio orgasmo y ambas cayeron exhaustas una en brazos de la otra.
- ¿Estás bien? - preguntó Tara con la voz aún tomada y apenas sin respiración.
Por un momento, Willow no pudo contestar. Solo asintió con la cabeza. Poco a poco abrió los ojos y se encontró con los de la rubia. Tara tenía algunos mechones pegados a la cara por el sudor, los ojos muy azules y enfocados sólo en ella, acompañados me media sonrisa que la hacían parecer muy satisfecha consigo misma. Willow apartó uno de los mechones de sus ojos, y dejó la mano ahí, acariciándole la cara.
- Estoy muy bien...- susurró Willow, a pesar de ya haber respondido antes esa pregunta.
- Bien.- repitió Tara.
Apenas terminó la palabra, Tara se inclinó para besar a Willow con la misma pasión que al principio, perdiéndose en su boca en cuanto la pelirroja separó los labios. Sonriendo dentro del beso, la rubia comenzó a mover su cuerpo de nuevo, siguiendo el mismo ritmo de antes pero sin detenerse por el camino. Dispuesta a despertar directamente otro de esos gemidos que tanto le habían gustado.
- Tara... qué hac...- intentó preguntar Willow sorprendida, pero la rubia movió su pierna contra ella y aumentó la presión.- ¡Oh, Dios!.... OH DIOS!...
- Ven conmigo...- susurró Tara entre gemidos.
Ambas llegaron a un tiempo, gritando el nombre de la otra y cayendo después rendidas. Mientras aún intentaban recuperar el ritmo normal de su respiración, Willow rompió en una carcajada y abrazó a Tara aún más cerca de su cuerpo. Tara la miraba sorprendida, aunque en seguida se dejó llevar y se unió a la carcajada. Ambas brujas cayeron de espaldas en la cama, la una junto a la otra rozándose, pero sin dejar de reír.
- Oh Dios!- Dijo Willow cuando por fin se tranquilizó - Soy MUY feliz.
Tara seguía sonriendo. Abrió sus brazos y recibió a la pelirroja que contenta se acurrucó sobre ella y murmuro "muy feliz".
Al cabo de un rato la respiración de Willow se hizo más lenta y la rubia supo que Willow no tardaría demasiado en quedarse dormida. Acarició con suavidad el peló de Willow y se dejó llevar por su propio cansancio.
El sonido del teléfono las despertó a las dos bruscamente. Tara se incorporó con cuidado, pero Willow ya estaba despierta y se quedó sentada en la cama.
- ¿Diga?... Uhm, sí, un segundo.- Tara se volvió hacia Willow y le entregó el teléfono murmurando "Buffy"
Willow se levantó de la cama y cogió el auricular, pero antes de contestar lo tapó con su mano y besó a Tara, manteniéndola agarrada por la cintura para que no volviera la cama mientras hablaba con Buffy.
- Hey, Will, acabo de leer tu nota.- dijo la cazadora con un falso tono jovial.
- ¿Larga noche con Riley?
Tara sonrió y arqueó las cejas. Pero enseguida
volvió a fruncir el ceño cuando oyó a la cazadora al otro
lado llorar desconsoladamente.
- ¿Buffy? ¿Qué pasa? ¿Es Riley?
Buffy seguía llorando, incapaz de detener las lágrimas y entre pucheros intentó decirle a su amiga que Riley esta bien.
- Se ha acostado con Faith...- dijo entre susurros camuflados por las lágrimas.
- Buffy...- Willow miró a Tara, quien asentía con la cabeza.- Voy para allá, ok. Dame diez minutos.
Willow colgó el auricular y se dejó abrazar por Tara.
- Pobre Buffy.- dijo Tara con un tono sinceramente compasivo.
Willow se separó y buscó la mirada de la rubia.
- ¿Me perdonas?
Tara sonrió y la besó con dulzura, luego asintió.
- Dúchate - dijo - Hueles a mí.
Willow se vistió, cogió sus cosas y se fue corriendo para la ducha. Nunca antes se había arrepentido tanto de lavarse. Cuando salió del agua, todo lo que quería era volver corriendo a la habitación y recuperar el olor perdido.
En la habitación, Tara no tenía ninguna intención de levantarse. Era domingo, no había clases y todavía tenía que recuperar un par de horas de sueño, así que se metió entre las sábanas e intentó aguantar despierta hasta que la pelirroja regresara de la ducha.
Afortunadamente, Willow no tardó demasiado. Dejó sus cosas en un rincón y fue hacia la cama para despedirse de su chica. Tara recibió el beso con una sonrisa.
- ¿Buffy estará bien? - preguntó Tara preocupada.
Willow asintió y volvió a besarla.
- Cuando vea a Riley le voy a convertir en rana por sacarme de tu cama.- susurró Willow con una sonrisa.- O mejor en conejo y así Anya tampoco nos molesta.- Tara se le quedó mirando bastante confundida.- Luego te lo explico.
Con otro beso rápido, Willow se incorporó y de un tirón apartó las sábanas del cuerpo de Tara, besó rápidamente uno de sus pechos, reanimándolo inmediatamente y volvió a colocar la sábana en su sitio.
- Para el camino...- murmuró.
Willow se marchó después de haber prometido
llamar a Tara en cuanto consiguiera calmar a Buffy. Ahora mismo la pelirroja
se sentía la mejor amiga del mundo pese a las mentiras que pudiera haber
contado en un pasado o lo errores que pudiera cometer en el futuro. ¿Dejar
a Tara desnuda en la cama? Oh, no! Buffy no tendría bastantes vidas para
recompensárselo....