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Título: Mi amiga Tara.
Autor: Cordy
Edad: Todos los públicos
Feedback: Dime siempre lo
que piensas
Distribución: Este fanfic pertenece a Magia en el Campus, si quieres utilizarlo en tu página hazlo mediante un link.
Sumario: Contiene un punto de vista diferente sobre el capítulo, basado exclusivamente en Willow y Tara.
Nota: Esta historia está basada en una escena antes de Superstar, los personajes, nombres, etc... pertenecen a Joss Whedon y sus productores, lo único que he hecho es cogerlos prestados un ratito.
Yo no dedico nunca, ya lo sábeis, pero esta vez quiero hacerlo por todos aquellos que me han estado dando el coñazo con sus mails para que siga escribiendo y actualizando. Sois un encanto, gracias.
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Amor. Sexo. Amistad. Compañerismo. Noviazgo. Compromiso. Pareja. Lío. Cita. Tantas palabras que en realidad definen una sola: atracción. Atracción de un cuerpo hacia otro, de un alma con otra... todo empieza ahí, pero ¿dónde acaba?
Buffy estaba en la ducha. Llevaba allí más de media hora y Willow estaba dispuesta a salir a buscarla si no volvía pronto. No tenía ni idea de cuánto tiempo había sostenido a su amiga mientras lloraba, ni cuáles eran las verdaderas razones por las que lo hacía. Entre lágrima y lágrima, todo lo que había conseguido sonsacar era algún que otro insulto sin destinatario específico, y algo de autocompasión.
Casi cinco años junto a ella y aún Willow no se explicaba como una persona inteligente, atractiva, querida y condenadamente fuerte podía sentir pena de sí misma. Cierto que su destino era una carga ineludible que no quería, pero aún así... tenía tantas cosas por las que ser envidiada. Willow se hubiera cambiado por ella en cualquier momento. Excepto ahora. No por Riley, ni mucho menos por Faith; si no porque por primera vez tenía algo que le hacía sentirse orgullosa de ser Willow Rosenberg.
Willow seguía perdida en sus pensamientos cuando Buffy llegó a la habitación. Aún llevaba en su rostro esa misma apesadumbrada expresión que la había acompañado durante toda la tarde.
- ¿Estás mejor? - susurró Willow.
Buffy sólo asintió con la cabeza, aunque en el fondo sabía que ya era hora de empezar a hablar del tema.
- Me siento como una gran imbécil
ahora mismo, Will.
- ¡¡No!! - se apresuró a decir la pelirroja sentándose
junto a ella en la cama.- Escucha, Buff, por que sólo voy a decirlo una
vez, y dado mi tendencia a utilizar más palabras de las necesarias, es
posible que te cueste un poco seguirme, pero es necesario que sepas que aquí
sólo ahí un culpable... y no eres tú.
Buffy sonreía, y aunque no pareciera gran cosa a los ojos del mundo, conseguir relajarse delante de los balbuceos de Willow empezaba a levantar un poco el espíritu de la cazadora.
- ¿Es Riley? - dijo Buffy, consciente de que ese no era el nombre en el que su amiga pensaba.
Willow negó con la cabeza sonriendo. Era fácil juzgar al pobre chico por algo sobre lo que no había tenido el más absoluto control, pero no era justo, y ambas lo sabían.
- No entiendo por qué me hace daño.- susurró Buffy.
Y estaba claro de quién hablaban. Sin embargo, no era un nombre que quisiera pronunciar en esos momentos. Todavía podía sentir su cuerpo dolorido, y había encontrado alguna que otra marca que su Riley jamás habría dejado. Se sentía extrañamente satisfecha, más allá de lo que pudiera haberse sentido después de estar con Riley. Es decir, sabía cómo era Riley, cuál era su forma de amar y cómo le hacía sentir, pero esto era nuevo, casi salvaje y una sombra de tristeza le decía que irrepetible. Como si Faith hubiera jugado con su cuerpo toda la noche. Casi como si le hubiera estado haciendo el amor a ella y no a Riley. Y no sabía si su enfado alcanzaba a Riley por haberse interpuesto, o a ella misma por no haber dejado que eso pasara antes.
Quizás, después de todo, si fuera Faith la única culpable.
- No tienes que perdonar a Riley, ¿sabes? Él no sabía que Faith... bueno... estaba ahí.
Asintiendo, Buffy dijo:
- Lo sé... es sólo que...
- Tienes derecho a estar confundida y enfadada. Pero no le culpes...
Buffy quería volver a llorar, pero no había más lágrimas que derramar. Sin más fuerzas para llorar se dedicó a observa a su pequeño genio. Su pelo estaba más rojo que nunca, su cara algo más pecosa, incluso un poco bronceada. Los ojos le brillaban, y al mirarla más de cerca observó que era una cualidad que llevaba por todo el cuerpo. Desprendía una clase de luz que hacía mucho se había extinguido. "Es feliz", pensó Buffy. Sin embargo, toda la felicidad que debía haber sentido al percibirlo se disuadió al pensar que se lo había perdido. No tenía ni idea de lo que había pasado en los últimos meses que llevaban en la universidad. Su mejor amiga se había recuperado de una depresión posruptura y ahora, frente a ella, se encontraba una mujer resplandeciente y segura de sí misma.
- ¿Quién es Tara?
La pregunta surgió de golpe junto con un sentimiento de celos y pilló a Willow desprevenida.
Tara. La sonrisa era inmediata, no había manera de esconderla si iba a hablar de la rubia.
- La conocí en el grupo Wicca, es una bruja igual que yo.
A pesar de que cada membrana alertaba a la cazadora de que había mucho más detrás de esas palabras, decidió callarse y continuar escuchando la historia de cómo dos mujeres con intereses comunes se hicieron amigas.
Amigas.
Hay palabras injustas en este mundo, pero ninguna tan grande como esta. La misma palabra que significaba el mundo entre Willow y Buffy, la que hacía que cualquiera fuera capaz de ofrecerse en cuerpo y alma a la otra, de soportar sus males, sus enfados, al igual que compartir sus risas y todos aquellos momentos buenos... la misma que las definía más allá de cualquier lazo familiar, sonaba vacía, inacabada, hueca si se usaba para describir a Tara.
Algo se hizo pedazos dentro de Willow cuando le dijo a Buffy que Tara era su amiga. Porque aunque pudiera ser cierto, no era real. Tara era la persona que conseguía poner a mil su corazón con una mirada, la que calmaba su babbling con besos, con quien quería empezar y acabar el día, pero sobre todo, la persona que la incitaba a superarse y a ser mejor cada día. Amante, maestra, aprendiz, compañera, cualquier cosa... pero mucho más que amiga.
Demasiado nuevo, demasiado surreal incluso para la Boca del Infierno y aunque Buffy no perdía detalle de todo lo que su amiga se esforzaba por no contar, asumirlo iba más allá de sus capacidades en ese momento.
Sonaba ridículo, pero aún sentía los dedos de Faith acariciando su cuerpo. Era el tacto de sus manos, pero unas manos seguras, firmes y decididas que jamás había utilizado. Era Faith jugando con ella, como siempre. Y parte de la rabia, parte de todo el enfado que sentía en su interior, era causado por la frustración de no poder retener la satisfacción de haber tenido a Faith en su interior, por no haber podido estar ahí con ella para disfrutarlo. Buffy se sentía tan deseada por Faith que perdía la fuerza, el control, y se quedaba indefensa y aterrorizada frente a la única persona que conocía todos los secretos para amarla y herirla. Sólo con la violencia Buffy podía descargar algo de la adrenalina que surgía en su cuerpo en presencia de Faith, pero eso no hacía sino que frustrarla más.
Y ahora sentía que Willow por primera vez podría entender lo que ocurría, qué era lo que mantenía a Faith y a Buffy unidas por la cadera aunque sin dejar de pelear. Pero Willow andaba en su mundo, con la cabeza perdida y feliz después de tanto tiempo. Era injusto que su mejor amiga apareciera y le impusiera sus problemas. La única solución era callarse y admitir que toda la culpa era de Faith.
Podía callarse, pero al hacerlo era como empezar a caminar en dirección contraría a Willow.
Buffy se calló, por falta de confianza, por hacerlo más fácil, o quizás, simplemente, porque ya había sido Willow quien había comenzado a alejarse, alejarse de Buffy y acercarse a Tara.
Estúpidos celos.
- ¿Estás segura de que te puedes fiar de ella?
La cara de Willow pasó de la alegría a la rabia en décimas de segundo. Cómo se atrevía Buffy a juzgar a la persona que le había salvado la vida.
- Si no fuera por Tara, ahora serías morena y vestirías como una puta.
Estúpidos estúpidos celos.
Buffy se disculpó, asombrada por la reacción fría y defensiva de Willow, pero admitiendo que desconfiar de Tara era más que complicado. La rubia llevaba "buena persona" tatuado en la frente, y ella tenía cierto radar para esas cosas.
- No pretendía decirlo así.
Me preocupo por ti, y por la magia... recuerda que la última vez estuviste
a punto de ser mi madrina de boda.
- Yo también lo siento, no he dormido mucho. - admitió Will.
Una voz le ordenó a Buffy no preguntar, por miedo a quizás obtener una respuesta que no quería oír.
- ¡Necesito que me de el aire! - Dijo Buffy decidida a alejar de su cabeza ciertos pensamientos.- ¿Te apetece ir al Pump?
Willow asintió, y sin poder evitarlo sus ojos se desviaron hacia el teléfono.
- ¿Te sentirías más segura si conocieras mejor a Tara?
Había salido en forma de pregunta, pero no lo era. Incluso la cazadora más famosa del mundo podría sentirse a salvo con Tara, sólo tenía que relajarse y dejarse arrastrar por la paz que envolvía a la rubia. Lo que en realidad se preguntaba era si Buffy sería capaz de hacerlo en estos momentos.
La cazadora dudó. Tara, sus sentimientos ya eran bastantes confusos en este momento como para añadir más incógnitas a la ecuación. Para ser sincera, lo único que quería era sentarse con Willow y dejarla hablar horas y horas sobre la última tontería de Xander. Como en los viejos tiempos. Aquellos en los que el amor y el sexo sólo eran una fantasía en sus vidas, y la amistad era lo único que en realidad importaba.
Si había dejado en segundo lugar su amistad con Willow y Xander, es que las cosas iban de mal en peor. Hace unos años, incluso unos meses, nada, NADIE, era más importante que ellos. Ni siquiera Angel, o Faith... por qué habría de ser diferente Riley,
Entonces Buffy cayó en la cuenta. No era Riley quien lo hacía diferente. Riley era un chico más, uno que la hacía sentirse amada, necesitada y aunque jamás se hubiera atrevido a admitirlo en voz alta, poderosa. Sin embargo, no era más que eso. Su alejamiento de la Scooby era en todo caso culpa de Walsh. Buffy sin vigilante se sentía perdida, sin un camino a seguir. Toda su vida había desobedecido las órdenes y ahora que no las recibía sentía como si hubiera perdido el norte. Ya no tenía una dirección clara hacia donde ir, hasta que Walsh le ofreció una. Era un pobre sustituto para su Giles, pero un sustituto a fin de cuentas.
Podía haberlo evitado, podía haber incluido a sus amigos, y no lo hizo. Pero ellos tenían también sus vidas y ella se sentía completamente fuera de ellas. Xander había dejado de lado la universidad y el tiempo que no pasaba trabajando lo ocupaba con Anya. Una exdemonio ¡por el amor de dios! Que diablos les pasaba con las relaciones a todos los de Sunnydale!!
Con Willow, Buffy compartía habitación y muchas de sus clases, por lo que buscar una razón que justificara que ya no fueran las mejores amigas era complicado. Tendría que haberla, y por primera vez sintió curiosidad en esa Tara. Willow jamás le había hablado de ella, había sido su secreto durante no se sabe cuánto tiempo, y en cuestión de horas ese nombre estaba en cada frase que Willow pronunciaba, en cada tema de conversación. Eran celos, definitivamente. Podía luchar contra ellos, pero decidió que sería mucho más divertido un encuentro con la bruja y ver qué era eso que tenía que ofrecer y que la hacía tan superior a la Cazavampiros.
Willow ya estaba al teléfono antes incluso de que ella pudiera decir esta boca es mía. La conversación estaba centrada en hechizos, y Buffy pensó que sería muy aburrido pasar una tarde con dos brujas que solo saben hablar de magia.
- Quiero repetir el hechizo de anoche.- decía Willow
Y al otro lado del teléfono Tara sonreía y se sonrojaba. La rubia era consciente de que Buffy estaba en la misma habitación que su novia, por lo que no podía hablar claramente, pero no hacía falta.
- Willow, estás segura de que
es b-buena idea que y-yo vaya. Quizás B-Buffy necesite estar a s-solas
contigo.
- ¡¡Buffy está deseando conocerte!! ¿verdad, Buff?
- Exclamó Willow dirigiéndose a las dos personas más importantes
de su vida a un tiempo.
Buffy asintió, aunque cada vez tenía más dudas. Tara por su parte, hizo de tripas corazón y aceptó la oferta.
La idea de conocer a la infame Buffy hacía que su estómago se contrajera. Buffy y Xander le asustaban más que cualquier otro monstruo de Sunnydale, más que su propia familia, porque sabía que si la rechazaban, si veían lo que en realidad llevaba dentro, Willow sufriría. Y nada le daba más miedo que hacer sufrir a Willow.
Al cabo de cuarenta minutos, Willow y Buffy aparecieron sonrientes en el Espresso Pump. Tara llevaba rato esperando y pudo observarlas mientras se acercaban. Conocía el rostro de Willow de memoria, y la sonrisa que a cada paso se agrandaba la llenaba de una agradable calidez. Aunque ahora mismo sus ojos estaban centrados en Buffy, la cazadora había comenzado a observarla desde lejos. No le había quitado ojo, sólo se habían visto un momento, pero la reconoció en seguida. Tara se sintió estudiada y no pudo evitar revolverse en el taburete. Mucho más nerviosa que antes, sus manos comenzaron a sudar y tuvo que reunir todas las fuerzas posibles para no esconder la cabeza e intentar hacerse invisible.
- ¡¡Tara!! - gritó Willow apretando el paso y envolviéndola en un gran abrazo al llegar a su lado.
Willow notó que en sus brazos Tara se relajaba, pero no lo suficiente como para sentirse del todo a gusto y esperaba que después de unos minutos las tres comenzaran a hablar amistosamente.
Buffy permaneció de pie, observando. Siempre observando. De la mano, Willow arrastró a Tara fuera del taburete y la colocó frente a Buffy, al tiempo que repetía las presentaciones oficiales.
- ¿C-cómo est-tas? - dijo Tara
Quiso decir mucho más, quería preguntarle por Riley y por Faith, y aunque hacía tiempo que tenía las frases preparadas en su cabeza no se sintió capaz de hacerlas comprensibles para las otras.
- Bien, gracias. - Fue la fría respuesta de Buffy, y por un momento Willow tuvo la certeza de que acababa de cometer el error más grande de su vida.
Pidieron cafés y se sentaron las tres alrededor de una mesa. Willow llevaba la conversación constantemente, alternando historias de magia con historias de vampiros, y dejando escapar alguna anécdota Scooby de vez en cuando. Había notado que eso relajaba completamente a Buffy.
Tara estaba concentrada en las reacciones de Buffy, intentaba mostrarse lo más simpática posible, pero notaba como la mirada de ésta iba más allá de lo obvio. Hasta el punto que Tara llegó a pensar que intentaba encontrar alguna pista que confirmara que en realidad estaba enamorada de su mejor amiga.
Pero Buffy sólo pretendía mostrarse superior, marcar el territorio, en un vano intento infantil de defender su posición.
Willow miraba de un lado a otro, buscando un tema en común del que Buffy y Tara pudieran hablar de igual a igual. Jamás había visto a Tara tan sumisa, tan... invisible. La mujer que ella conocía y que estaba empezando a amar tenía un carácter fuerte, a pesar de ser tímida, y era divertida y atrayente. Esta Tara cedía tanto terreno a Buffy como ésta pudiera controlar, y ni siquiera replicó ante el concepto de magia que Buffy había dejado caer en forma de ataque.
¿Qué demonios le pasaba a Buffy? No entendía que se esforzara para mantener una conversación con Oz, cuando este era el tipo más reservado de la tierra, y sin embargo se negara a darle una oportunidad a Tara. Willow no sabía si reír o llorar o golpear a Buffy y hacerla entrar en razón. Entre la frustración y el cansancio decidió escaparse hacia el baño y olvidarse de sus dos acompañantes aunque fuera sólo por un momento.
Sin Willow en la mesa, lo único que había entre Buffy y Tara era silencio. Incómodo y espeso silencio. Buffy seguía sin apartar la mirada de Tara, quien a su vez estaba concentrada en su taza vacía.
Sin levantar la mirada, Tara susurró "Lo s-siento". La cabeza de Buffy se ladeó inconscientemente como quien sopesa la técnica que va a utilizar su adversario.
Con mucha fuerza de voluntad, Tara consiguió enfrentar a la mirada de la cazadora.
- S-siento estar aquí.- susurró.- Después de...uhm, lo que ha pasado? Q-querrás hablar a s-solas con W-Will...
No consiguió completar si quiera el nombre de su novia, avergonzada como estaba por haber iniciado tan torpe disculpa.
- En realidad, quería conocerte...
- dijo Buffy sin abandonar su pose autoritaria.- No sé mucho de ti.
- Q-qué q-quieres saber de mí...
La predisposición a responder de Tara la pilló desprevenida, y por un momento no supo qué preguntar, hasta que lo más obvio le llegó a la cabeza:
- ¿Eres una bruja buena o una bruja mala?
Tara la miró fijamente y de repente se echó a reír, no pudo evitarlo. Durante toda la tarde se había sentido amenazada por Buffy, por la Elegida que liberaría al mundo entero de las fuerzas de la oscuridad, por la misma persona que en las dos últimas horas lo único que había intentado era proteger a su amiga, a Willow. Buffy quería defender a Willow, hacerle saber a Tara que intentara lo que intentara ella siempre llegaría primero.
La risa de Tara era profunda, casi tímida, pero por algún extraño motivo, totalmente reconfortante. Buffy sonrió y dejó caer sus hombros por primera vez en toda la tarde.
- En realidad, no existe un poder malo. - explicó Tara - Sólo hay una magia, y depende de cómo la utilices el poder reaccionará de un modo o de otro. Mi m-madre me lo enseñó c-cuando era p-pequeña...
- ¿También te enseñó a leer a las personas?
La pregunta no pretendía ser tan brusca como había surgido, era sólo que Buffy aún no conseguía ver qué era exactamente aquello que Tara se esforzaba tanto en ocultarle.
Tara entornó los ojos, haciéndole ver que no la había entendido, y Buffy le explicó que se refería a la escena del Bronze cuando se dio cuenta del intercambio de cuerpos.
- Tu también puedes hacerlo, no se necesita m-magia para eso, sólo concentración.
A estas alturas toda la atención de Buffy estaba centrada en la rubia, aunque de un modo diferente. Ya no se sentía amenazada, sino ¿atraída? No atracción sexual, aunque sí física. Al escucharla hablar con tanta seguridad a pesar del tartamudeo había querido acercarse a ella. Sentarse a su lado, en silencio, y dejarse llevar por esa media sonrisa que sólo se acababa de hacer real en sus ojos.
- ¿Cómo sabes quién
es vampiro? - dijo en un susurro Tara.
- Es fácil, son diferentes. - dijo relajándose completamente en
la silla - Visten diferente, huelen diferente
Algunos de ellos es como
si llevaran un luminoso en la cabeza.
Tara asintió sonriendo y dijo:
- Es su aura.
Buffy frunció el ceño esperando la respuesta, pero Willow salía del baño en ese momento y Tara había olvidado su conversación. Como si hubiera podido sentirla, se giró justo en el momento en el que aparecía por la puerta. Buffy sonrió, sabiendo que ella había hecho lo mismo. Y también Willow, sus ojos buscaron la mesa mucho antes de hacerse con el cambio de luz, lo que la hizo guiñar un par de veces.
Antes de alcanzara el sitio de antes, Buffy reanudó su conversación.
- El "luminoso" es un reflejo
de su aura, todos tienen algo en común y tú estás acostumbrada
a verlas, por eso es tan sencillo reconocerlos. A m-mí me p-pasa con
la m-magia.
- Y con las cazavampiros
- susurró Buffy jovialmente.
Tara negó con la cabeza casi avergonzada.
- No sabía cómo era tu aura, pero Willow me ha descrito todos tus gestos no deja de hablar de ti.
Tara miraba a la mesa y Buffy tenía una expresión mezcla de complacencia y orgullo cuando la pelirroja se sentó con ellas.
- ¿De qué hablabais?
Buffy giró la cabeza hacia ella y dijo:
- De ti.
En sus ojos había tanto cariño que Willow tuvo que contener los impulsos para lanzarse a sus brazos. Hacía demasiado tiempo que no la abrazaba, ningún amigo debería estar más de un día sin compartir un abrazo.
- ¿Debería preocuparme? - En la voz de Willow había de todo menos preocupación cuando se giró a mirar a Tara.
La rubia negó con la cabeza y levantando los ojos sólo lo justo, sonrió. Willow quería besarla casi tanto como abrazar a Buffy, y mirando a un lado y a otro de la mesa se dio cuenta de que era afortunada. Quizás había demasiados secretos que no le permitían declararse completamente feliz, pero algún día todo se aclararía y Tara, Buffy y ella compartirían el más grande de los abrazos puede que incluso Xander también, ahora que estaba Anya para sujetarle las manos.
Quehabía pasado en el tiempo que ella había desaparecido era todo un misterio. Un buen misterio, uno que ni siquiera quería resolver.
- ¿Has pensado ya cuándo vas a hablar con Riley? - dijo Willow esperando que ya fuera el momento de sacar el tema.
Buffy sonrió, había captado el tono tentativo de su amiga.
- No estoy segura creo que necesito tiempo. - susurró de forma insegura.- Esta noche hay patrulla, puede que mañana.
- ¿Vais a llamar a Jonathan? D-debería ayudaros - añadió Tara.
Willow y Buffy negaron con la cabeza a un tiempo y se miraron para saber cuál de las dos iba a hablar. Con un gesto invisible, la cazadora le cedió la palabra a la otra.
- Jonathan tiene una reunión con el nuevo alcalde esta noche y nosotros sólo vamos a echar un vistazo por el cementerio, sólo cazaremos vampiros sueltos y si detectamos algún problema le avisaremos.
Viendo que Tara no parecía muy convencida con la respuesta, Buffy continuó:
- Además, yo soy la cazavampiros
supongo que eso tiene que significar algo. Estoy segura de que podremos con
un par.
- Y Xander y Anya nos harán compañía.
Tara no pudo evitar sonreír ante el entusiasmo de las dos amigas. Después de haber presenciado el ataque protector que Buffy había lanzado sobre Willow todo parecía mucho más sencillo. Incluso su secreto. La cazadora tenía un don para detectar a los malos, a los demonios, y estaba atenta ante cualquier amenaza que se cerniera sobre sus amigos, si en algún momento ella se convertía en uno de esos-- ... en una amenaza, Buffy estaría allí para proteger a Willow. Buffy siempre protegería a Willow. Sí alguna vez había buscado algún sentido a sus poderes, allí estaba, sentada junto a la cazadora, tomando café y sonriendo, si no podía protegerla, proteger a su familia, ¿para qué la fuerza? ¿para qué esforzarse?
Mucho más relajadas, continuaron su conversación y la prolongaron hasta el cine, donde decidieron que era un momento tan bueno como cualquier otro para olvidarse de la Boca del Infierno, de sus líos amorosos y de todas aquellas pequeñeces que se esforzaban por separarlos a todos. Entre las sombras de la sala, Willow se sentaba entre Buffy y Tara, ambas sosteniendo sus manos y ofreciéndole un cariño totalmente distinto, pero igual de intenso.